Piel de granada: del cubo de compost al laboratorio
Lo mejor de la granada son sus semillas jugosas y agridulces. Pero la cáscara que queda después de comerla suele terminar directamente en el cubo de compost. La realidad de la industria de procesamiento de granada es todavía más contundente: por cada tonelada de fruta fresca procesada se generan aproximadamente media tonelada de cáscara de desecho, y a nivel mundial se descartan cada año más de 1.6 millones de toneladas de cáscara de granada como residuo, lo que no solo desperdicia recursos, sino que también supone una carga ambiental.
Lo interesante es que esta cáscara desechada en realidad contiene una concentración de polifenoles más alta que la propia pulpa. El compuesto más abundante se llama punicalagina, un polifenol natural de la familia de los elagitaninos que representa más del 85% del total de elagitaninos de la cáscara de granada. Es muy soluble en agua, pero su estructura molecular es grande y muy polar, lo que significa que el estómago y el intestino delgado apenas pueden absorberla directamente hacia el torrente sanguíneo.
Dicho de otro modo, aunque la punicalagina es abundante, es un error pensar que el cuerpo simplemente la aprovecha en el momento en que se consume. Su verdadero trabajo no comienza hasta que llega al intestino.
La punicalagina solo “cobra vida” al llegar al intestino
La punicalagina que no se absorbe en el intestino delgado continúa su camino hasta el colon. El colon alberga una enorme variedad de bacterias intestinales, que portan enzimas capaces de romper los enlaces éster de la estructura molecular de la punicalagina, liberando primero ácido elágico libre. Aquí es donde realmente comienza la vía metabólica.
A partir de ahí, las bacterias intestinales siguen actuando sobre el ácido elágico a través de varias rondas de deshidroxilación, transformándolo gradualmente en distintas urolitinas. Primero aparece la Urolitina M5, y a medida que se van eliminando grupos hidroxilo, se convierte en Urolitina D/M6, luego en Urolitina C/M7, y finalmente en Urolitina A o Isourolitina A. En algunas personas, las bacterias intestinales pueden ir un paso más allá y producir también Urolitina B.
Esta vía de conversión varía de una persona a otra. Cada quien tiene una microbiota intestinal distinta, por lo que la capacidad de metabolizar la punicalagina también varía: algunas personas casi no producen urolitinas, otras solo producen Urolitina A, y otras pueden producir al mismo tiempo Urolitina A, Isourolitina A y Urolitina B. La edad también influye: la proporción de personas capaces de producir un perfil más completo de urolitinas tiende a aumentar con los años.
A diferencia de la Urolitina A de nuestro artículo anterior, esta vez la protagonista es otro producto intermedio de la misma vía metabólica: la Urolitina C.
Los riñones y el intestino se reparten el trabajo de eliminar el ácido úrico
Eliminar el ácido úrico del cuerpo depende principalmente de dos órganos que se reparten la tarea: los riñones se encargan de aproximadamente el 70%, y el intestino del 30% restante. Este proceso no es tan simple como que el ácido úrico salga por sí solo, sino que depende de un grupo de proteínas transportadoras de urato que lo llevan a donde debe ir.
En los riñones, dos proteínas transportadoras (URAT1 y GLUT9) se encargan de devolver el ácido úrico de la orina de vuelta a la sangre, un proceso llamado reabsorción; otras dos proteínas transportadoras (ABCG2 y OAT1) se encargan de mover el ácido úrico de la sangre hacia la orina, lista para excretarse. Si estos dos conjuntos de transporte se desequilibran, con una reabsorción demasiado fuerte y una excreción demasiado débil, la concentración de ácido úrico en la sangre comienza a acumularse. El intestino cuenta con un mecanismo de transporte similar, que depende de varias de estas mismas proteínas.
En un estudio de tesis doctoral de la Universidad Forestal del Noreste (China), el equipo de investigación utilizó modelos de ratón y células epiteliales tubulares renales humanas (HK-2) para observar el efecto de la punicalagina y la Urolitina C sobre estas proteínas transportadoras. Los resultados mostraron que, en estos experimentos con animales y células, tanto la punicalagina como la Urolitina C inhibieron las dos proteínas responsables de la reabsorción, al mismo tiempo que aumentaron la expresión de las dos proteínas responsables de la excreción. El equipo también observó que, en los ratones alimentados con punicalagina, la microbiota intestinal cambiaba: aumentaban las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, mientras que disminuían las bacterias asociadas con la inflamación.
Tres urolitinas, tres resultados distintos
La Urolitina A, B y C son los tres principales productos finales del metabolismo de la punicalagina en el intestino. El equipo de investigación comparó las tres directamente en los mismos modelos de ratón y de células, y la Urolitina C superó de forma consistente a la Urolitina A y B en ambos indicadores: la reducción de la concentración de ácido úrico en suero y la inhibición de las proteínas de reabsorción.
En cuanto a por qué la Urolitina C destaca, el equipo de investigación plantea una hipótesis en la discusión del estudio: la estructura molecular de la Urolitina C tiene un grupo hidroxilo más que la A y la B, y esta diferencia podría reforzar su capacidad de unirse a las proteínas transportadoras. Pero esto es solo una hipótesis basada en características estructurales, y todavía no se ha confirmado.
Todos los hallazgos anteriores provienen de modelos de ratón y células humanas cultivadas en laboratorio, no de ensayos clínicos en humanos, y no implican necesariamente los mismos efectos en las personas. Un nivel elevado de ácido úrico en sangre o un diagnóstico de gota requieren evaluación y tratamiento por parte de un médico. Este artículo no sustituye el consejo médico, así que si te preocupan tus niveles de ácido úrico, consulta a tu médico.